“Share a Coke”: cómo una idea simple cambió la forma de conectar con los consumidores
- oscar grondona
- Oct 9
- 2 min read
En 2011, Coca-Cola enfrentaba un desafío silencioso: sus ventas estaban estancadas entre los jóvenes. La marca seguía siendo icónica, pero ya no era emocionante. En un mundo digital y social, las nuevas generaciones no se sentían parte de la conversación. La compañía necesitaba volver a ser relevante. Y lo logró con una idea simple, casi ingenua: reemplazar su logo por nombres de personas.

El origen de la idea
Todo comenzó en Australia. El equipo local de marketing notó que, a pesar de que todos conocían Coca-Cola, las ventas caían en los adolescentes y jóvenes adultos. Entonces decidieron darles una razón para volver a mirar la botella.
Inspirados en el insight “las personas aman ver su nombre”, lanzaron la campaña “Share a Coke” (Comparte una Coca-Cola), sustituyendo el logo de la marca en las botellas por los 150 nombres más comunes del país. Cada botella llevaba un mensaje: “Comparte una Coca-Cola con… [tu nombre]”
La magia del marketing emocional
Lo que parecía una acción táctica se convirtió en un fenómeno cultural. Las personas comenzaron a buscar su nombre —y el de sus amigos— en góndolas y máquinas expendedoras. Publicaban fotos en redes, intercambiaban botellas, las regalaban. Por primera vez, el producto no solo se consumía: se compartía.
La marca se volvió parte de conversaciones reales, tanto en la vida cotidiana como en redes sociales. El engagement fue tan grande que la campaña se expandió a más de 80 países en pocos años.
Los resultados
El impacto fue inmediato:
En Australia, las ventas crecieron un 7% tras una década de caída.
Más de 500.000 fotos fueron compartidas con el hashtag #ShareACoke durante el primer año.
En Estados Unidos, la campaña ayudó a revertir una tendencia negativa de consumo y a aumentar la recordación entre los millennials.
Coca-Cola personalizó más de 1.000 millones de botellas en todo el mundo.
Una lección sobre personalización, no sobre nombres
Más allá del éxito de ventas, la lección fue otra: las personas quieren sentirse vistas. El producto no cambió —sigue siendo el mismo refresco—, pero el mensaje sí: “No es una Coca-Cola cualquiera, es la tuya.”
“Share a Coke” marcó el inicio de una era en la que la personalización se volvió una expectativa. Desde los anuncios dinámicos hasta las experiencias digitales personalizadas, todo apunta a lo mismo: cuanto más personal y humano es el mensaje, más fuerte es la conexión con la marca.
Lecciones para el marketing actual
Escuchar al consumidor antes de venderle. Coca-Cola entendió que el problema no era el producto, sino la falta de vínculo emocional.
Convertir al cliente en protagonista. En lugar de hablar de sí misma, la marca habló de las personas.
Diseñar para compartir. La campaña nació para ser social antes de que existiera el “marketing viral” como lo conocemos hoy.
Humanizar la marca. En un mercado saturado de mensajes genéricos, la autenticidad gana.
En resumen
“Share a Coke” no fue solo una campaña: fue una conversación global. Demostró que incluso las marcas más grandes del planeta pueden reconectarse con sus audiencias cuando ponen a las personas en el centro.
Porque, al final del día, el mejor marketing no vende productos: crea vínculos.





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